Acaba de irse de mi oficina un niño lindo que estuvo sentado en mi escritorio una buena parte de la tarde. Estuvimos intercambiando un poco de música, realizando copias digitales de un software que nos prestaron y aprovechamos el tiempo para conocernos más. Me gustaba la forma como me miraba, a veces se puede percibir cuando otra persona siente agrado por una y más si es hombre. Yo no dejaba tampoco de mirarle el lunar que tenía en la mejilla izquierda y el buen conjunto que hacían sus ojos con su boca. Horas antes en el almuerzo sus ojos me deslumbraban, él no dejaba de mirarme los labios y yo, debido a mi timidez, me acariciaba mi pelo lacio a forma de coquetería inconsciente.
Mientras hablábamos sentía que la temperatura me subía, comencé a sentir mucho calor, aunque también pudo deberse a que hoy en Medellín hizo un día hermoso, con solecito, nubes y un azul profundo como me gusta. Me fijé en todos los detalles, la forma de sonreír, sus ojos grandotes y expresivos, sus manos, su cuerpo y su postura. Él no me resultaría tan interesante si no hubiésemos coincidido en muchas cosas.
Por hoy termino mi jornada laboral, saldré de mi oficina cuando aún es de día para disfrutar de la brisa de la tarde mientras me como un salpicón. Leeré un poco el libro de turno que siempre cargo en mi bolso sentada en el parque de siempre en la banquita de siempre. De pronto más tarde me anime a ver una película en el Colombo Americano, me tomaré con café en la cafetería de Don Rogelio y luego iré para la casa a estudiar un poco, a escuchar música y a leer antes de acostarme.
Mañana es otro día en que también podré disfrutar de la mirada del chico de ojos grandes.
Je suis heureux et souriant…



