Un chico de ojos grandes

Acaba de irse de mi oficina un niño lindo que estuvo sentado en mi escritorio una buena parte de la tarde.  Estuvimos intercambiando un poco de música, realizando copias digitales de un software que nos prestaron y aprovechamos el tiempo para conocernos más.  Me gustaba la forma como me miraba, a veces se puede percibir cuando otra persona siente agrado por una y más si es hombre.  Yo no dejaba tampoco de mirarle el lunar que tenía en la mejilla izquierda y el buen conjunto que hacían sus ojos con su boca.  Horas antes en el almuerzo sus ojos me deslumbraban, él no dejaba de mirarme los labios y yo, debido a mi timidez, me acariciaba mi pelo lacio a forma de coquetería inconsciente.

 

Mientras hablábamos sentía que la temperatura me subía, comencé a sentir mucho calor, aunque también pudo deberse a que hoy en Medellín hizo un día hermoso, con solecito, nubes y un azul profundo como me gusta.  Me fijé en todos los detalles, la forma de sonreír, sus ojos grandotes y expresivos, sus manos, su cuerpo y su postura.  Él no me resultaría tan interesante si no hubiésemos coincidido en muchas cosas. 

 

Por hoy termino mi jornada laboral, saldré de mi oficina cuando aún es de día para disfrutar de la brisa de la tarde mientras me como un salpicón.  Leeré un poco el libro de turno que siempre cargo en mi bolso sentada en el parque de siempre en la banquita de siempre.  De pronto más tarde me anime a ver una película en el Colombo Americano, me tomaré con café en la cafetería de Don Rogelio y luego iré para la casa a estudiar un poco, a escuchar música y a leer antes de acostarme.

 

Mañana es otro día en que también podré disfrutar de la mirada del chico de ojos grandes.

 

Je suis heureux et souriant…

Mente en verde

El fin de semana pasado decidí darme un buen descanso y me fui de paseo ecoturístico al viejo Peñol.  Al llegar al lugar donde nos íbamos a hospedar, los que iban en plan de rumba aplacaron sus ganas porque aquel lugar no inspiraba más que tranquilidad y paz interior.  Estuve tan rodeada de sol, nubes, agua y mucho verde esos dos días que al llegar el lunes a mi lugar de trabajo mi mente todavía seguía allá con el paisaje enmarcado en mis ojos como una postal.

 

Y hoy, a penas a mitad de la semana, ya cansada un poco del trajín y de querer hacer de todo en tan poco tiempo, me siento contenta, podría decirse que feliz porque estoy en paz conmigo misma y con los que me rodean.

 

Atrás han quedado los rencores, los temores de encontrarme de nuevo con esas personas que alguna vez me hicieron daño a propósito.  Lejos de mi ha quedado la desazón de no ser perfecta, que me miro al espejo y me amo hasta las pecas, que no siento vergüenza ni culpa de decir “no” cuando alguien llama a mi puerta pensando que yo soy capaz de resolverle un problema o de encargarme de un proyecto, que ya es suficiente con los que tengo y que el que mucho abarca poco aprieta.

 

Mientras el día a día me entretiene la mente con mis clases de francés, inglés, ingeniería, el cine, la literatura, la música y los talleres que dicto, mi mente sigue allá observando el paisaje verde y me serena.

 

¿Qué más le puedo pedir a la vida en este momento?

INDEPENDENCIA

El próximo 20 de Julio se celebra en mi país El Día de la Independencia ocurrida en 1810 en Santa Fe de Bogotá. De toda la historia de mi país, ésta es quizá la que más me llama su atención debido a la forma como ocurrieron los hechos. He aquí una partecita de la historia del día viernes 20 de julio de 1810:

“Aquel viernes, día de mercado, la ciudad de Santafé era el escenario donde confluían campesinos procedentes de diversos sitios aledaños a la ciudad, como la Peña, Egipto, Belén, San Cristóbal, Usaquén y La Calera. Cargados con sus habituales mercados regateaban con los santafereños los precios de sus tradicionales cosechas y animales de cría. La  Bogotá de entonces no tendría más de 20.000 habitantes y sus límites los marcaba por el norte con San Diego y Chapinero, al sur Las Cruces; al oriente, Egipto y al occidente, La Capuchina.

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SOY COLOMBIANA

SOY COLOMBIANO

Autor: Rafael Godoy
Ritmo: Bambuco

A mi deme un aguardiente,
un aguardiente de caña,
de las cañas de mis valles
y el anís de mis montañas.
No me de trago extranjero
que es caro y no sabe a bueno,
porque yo quiero siempre
lo de mi tierra primero.
Ay! que orgulloso me siento
de haber nacido en mi pueblo.
A mi cánteme un bambuco
de esos que llegan al alma,
cantos que ya me alegraban
cuando apenas decia mama.
Lo demas sera bonito
pero el corazón no salta,
como cuando a mi me cantan
una canción colombiana.
Ay! que orgullosos me siento
de haber nacido en mi patria.
Y para mi una muchacha
aperladita, morena,
o una rubia de ojos claros
de suave piel montadora.
Muchachas, musica y trago
de la sierra o de mi llano.
Ay! que orgulloso me siento
de ser un buen colombiano.
Ay! que orgulloso me siento
de ser un buen colombiano.

Vagabundear

Cuando era una pequeña y viaja sola caminando a mi escuela, recorría las calles del barrio Boston en zigzag. Las casas permanecían de puertas abiertas y me quedaba mirando hacia dentro de ellas queriendo descubrir nuevos mundos. En varias alcancé a ver a las señoras de la casa aseando los patios, las aceras y las habitaciones y mi mirada curiosa de niña pasaba desapercibida para ellas.

 

Tengo un recuerdo que todavía tiene el mismo sabor del ayer lejano y aunque es más común que sean los olores los que te traen recuerdos de antaño, para mi son los sonidos, concretamente, una canción. Ese día soleado caminando por esas calles de casas viejas y bonitas, con mi mochila a la espalda, con mis zapaticos y medias azules, mi faldita de cuadritos, mi blusita blanca, bien peinada y las tareas hechas rumbo a la escuela, una canción me acompañó en mi caminata. En aquellas casas de puertas abiertas las señoras de la casa tenían sintonizada la misma emisora, “La voz de Colombia” y caminando calle por calle escuché la misma canción:  Vagabundear” de Joan Manuel Serrat.  Llegué a mi escuela con un estribillo que no podía sacarme de la cabeza, “qué más da, qué más da, aquí o allá”., ese día no aprendí a sumar o a restar números fraccionarios, la novela que la profesora nos leía en voz alta no me sorprendía y perdí todo mi interés en la ciencias sociales y naturales.  Esa tarde aprendí otra cosa, algo que se quedó en mi memoria para siempre, me aprendí mi primer poema aunque este fuese cantado y no por cualquier cantautor, si no nada más y nada menos que por Serrat.

 

Años más tarde, me vi a mi misma repitiendo esta escena una mañana cuando caminaba por las calles de Boston rumbo a mi trabajo.  Está vez ya no habían casas de puertas abiertas a fuerza de mantenerlas cerradas por seguridad pero era un bello día soleado, las nubes ese día estaban hermosas, había un vientecito cálido y ese pedacito de Medellín me parecía lo mas hermoso.  Iba con mi mochila al hombro, más triste que nunca quizá pero con ese optimismo y la “verraquera” que me han caracterizado siempre y empecé a cantar: “Harto, ya de estar harto, ya me cansé, de preguntarle al mundo porqué y porqué. La Rosa de los Vientos me ha de ayudar y ahora vais a verme vagabundear, entre el cielo y el mar, vagabundear” .  No me importaba si la gente se me quedaba mirando, yo sólo esbozaba una sonrisa a medida que avanzaba con la canción y con el paso.

 

Caminé en zigzag como aquel día camino a la escuela, me vi a mi misma siendo niña aquella vez, feliz y curiosa.  Si me gusta ser un loco para no tomarme la vida tan en serio, me gusta todavía más vagabundear, por eso siempre llevo conmigo una Rosa de los Vientos por si vuelvo a perderme poderme encontrar.

 

 

Gracias a Etereal por inspirarme.

RECORRIÉNDOTE

Gioconda Belli es quizá una de mis poetizas favoritas, sus palabras evocan feminidad, erotismo y sensualidad.  También he leído sus novelas, pero me quedo con sus poemas.

RECORRIÉNDOTE

Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.

Gioconda Belli

Premio al Blog Dorado

Es para mi una gran sorpresa y representa una gran dicha que Dostospos me haya hecho acreedora del premio al Blog Dorado.  Realmente no me lo esperaba pues escribo por el mero placer de dar a conocer mis pensamientos, mis gustos y mis sentimientos.  Mis amigos mas cercanos me cuentan que esta bitácora tiene mucho de mi misma, que es mi vivo reflejo, he ahí pues que yo le quiero y le consiento por ser el fruto de mis entrañas, algo que me sale desde adentro.

 

 

Los colores del trofeo:

 

El dorado: representa sabiduría, claridad de ideas y riqueza.

 

El azul: representa paz, profundidad e inmensidad.

 

Le doy infinitas gracias a Dostopos, el premio me ha llegado en muy buen momento, es un buen regalo de bienvenida, como todo lo demás en mi vida.

 

Todavía no he terminado en revisar los blogs amigos, así que por el momento me reservo el turno que me toca de premiar a alguien más, espero que comprendan.  ;)

Frase

Quizá la más grande lección de la historia es que

nadie aprendió las lecciones de la historia.

Aldous Huxley

La Reina del Baile

Esta mañana no quería levantarme tan temprano, lo confieso, nunca fui buena madrugando.  Entonces me quedé otra hora más acurrucada bajo mis cobijas.  Luego hice lo de rutina, levantarme, mirarme al espejo, saludarme, mirar al cielo, saludar a mamá, pero más importante aún, poner música.  He tenido ese hábito desde muy pequeña cuando mis padres me regalaron una grabadora último modelo cuando yo aún estaba en tercero de primaria. 

 

Entonces me puse a bailar, a saltar y a cantar hasta que recordé que llevaba días sin escuchar a ABBA.  Si, otra confesión, me encanta ese grupo sueco, otro gusto que me viene desde la infancia.  Entonces puse a sonar sus mejores éxitos, me detuve a repasar la letra de varias canciones, a coger mi cepillo de pelo para usarlo como micrófono y entonar frente al espejo  Mamma mia, Gimme Gimme Gimme entre otras, pero la adrenalina se me subió cuando sonó: Dancing Queen… porque yo puedo bailar, porque tengo el swing, porque tengo en mis manos los mejores momentos de mi vida.

 

A veces pienso que fui fecundada a través de un baile, quizá bastante erótico, sensual y amoroso, pues desde que tengo memoria, o sea, desde los 2 años, en mi casa siempre ha habido fiesta y baile hasta la madrugada, mi madre es una bailarina de porro, cumbias, gaitas y mambo excelente y mi padre es un melómano particular, además nunca me ha faltado el afecto. Muchas cosas he heredado de ellos dos.

 

Esta mañana yo era la Reina del Baile, igual que otras veces, bailé, canté, salté, sonreí, reí tanto como pude.  Ya se imaginan la buena energía que he cargado conmigo todo el día.

 

Les dejo a canción de ABBA y su letra para que la bailen y la entonen también. Clic en el video.

LO QUE APRENDEMOS

He leído varias bitácoras por estos días que he regresado, me he encontrado con personas que son felices, otras que están en camino de serlo y con aquellos que ahora mismo los embarga una nubesita de tristeza.  Mantenerse en la felicidad no es fácil, a veces es necesario refugiarse en un rincón de uno mismo para llorar las tristezas o sacudirse el desánimo.  Cada mañana como rutina de belleza, además de embadurnarse el rostro en protector solar y otras especies y hacerse un baño corporal en crema de manos, se me hace necesario pegar mis narices al espejo para que mis ojos me digan cómo estoy por dentro. Por eso hay días que me quiero más, porque los ojos son el reflejo del alma y mirarme tan de cerca me ha dejado ver mi alma tal como soy, aunténtica hasta en mis defectos.  Pero hubo un día hace mucho tiempo en que la química de mi cerebro no andaba bien y me diagnosticaron una enfermedad que no quería padecer, me faltaba ceratonina.  El proceso no fue fácil, conté con el apoyo de mi familia, mis amigos y el que en ese entonces era mi novio.  Pero también me refugié en la lectura y en la música.  Fue en ese entonces que me obsequiaron un hermoso poema que me recito diarimente a partir de ese instante de tiempo en que llegó a mis manos y aquí lo quiero publicar para que así todos lo puedan conocer, o si ya lo conocen, para que no  se nos olvide. 

Y UNO APRENDE

Después de un tiempo,
Uno aprende la sutil diferencia
Entre sostener una mano
Y encadenar un alma,

Y uno aprende
Que el amor no significa acostarse
Y una compañía no significa seguridad
Y uno empieza a aprender …
Que los besos no son contratos
Y los regalos no son promesas
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
Con la cabeza alta y los ojos abiertos

Y uno aprende a construir
Todos sus caminos en el hoy,
Porque el terreno de mañana
Es demasiado inseguro para planes …
Y los futuros tienen una forma de
Caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
Uno aprende que si es demasiado
Hasta el calorcito del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín
Y decora su propia alma,
En lugar de esperar a que alguien
Le traiga flores.
Y uno aprende que
Realmente puede aguantar,
Que uno realmente es fuerte,
Que uno realmente vale,
Y uno aprende y aprende, …
Y con cada día uno aprende
.

Autor: Algunos dicen que es Jorge Luis Borges, yo he encontrado que es la versión en español de un poema de Verónica Shoffstall. Al final de cuentas, lo que vale es que UNO APRENDE! ;)