Una maquinita en perpétuo movimiento

No es tarde, pero estoy un poco cansada y tengo tanto sueño que me parece que lo es. Sin embargo cuento las horas que necesito dormir para levantarme fresca y lozana y me doy cuenta que todavía puedo aprovechar dos horas más para hacer las cosas que quiero o las que necesito hacer, aunque con el pragmatismo que me caracteriza, a estas horas del día, o de la noche, jamás haría algo que tuviera que hacer a menos que me gustara.

Me detengo acá y leo el párrafo anterior y recuerdo meses, e incluso años atrás, en las que la vida era otra cosa porque yo lo había querido así. Tardes enteras sentadas en el parque con unas pocas cervezas en compañía de dos de mis mejores amigos, disertando sobre la vida, la ciencia, la literatura, cine y la música. Tardes y noches en las que mis amigos fueron mis psicólogos y yo el de ellos, en las que aprendí y desaprendí tantas formas de ver y de vivir la vida. Esas tardes no están muy lejos y tampoco han dejado de existir, pero cada vez son menos.

Lo es, porque lo he escogido así. En otras palabras, no soy mujer de rutinas y lo que más me mueve en el mundo es la innovación. Si no encuentro algo novedoso en el curso en el que me muevo, mi espíritu me impulsa a buscarlo en otros recónditos o no tan recónditos lugares y en personas con las que yo puedo sentir algo nuevo para volver a aprender y desaprender. Mi vida está cerca de ser, en otras palabras, un claro ejemplo de una máquina ideal de movimiento contínuo, salvo por supuesto, que aún no se ha descubierto una fuente de energía infinita e ilimitada y que además, y menos mal, no soy un ser inmortal.

Aquí me encuentro haciendo la retrospectiva de un poco más de un año y orgullosa por ser en estos momentos reconocida en mi trabajo por haber alcanzado los primeros objetivos propuestos, y digo primeros porque estos conllevan a más. Y no sólo eso, también estoy en la recta final de cumplir uno de mis objetivos a nivel profesional que al mismo tiempo se ha convertido en un reto personal. Mi cabeza está llena de ideas, de proyectos, de metas y por supuesto, de sueños. Y aunque no faltarán las dificultades, a paso lento pero seguro, los alcanzaré.

Los alcanzaré, “…aunque sea lo último que haga, ¡lo último que haga!”. Gárgamel refiriéndose a los Pitufos.

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8 Respuestas a “Una maquinita en perpétuo movimiento

  1. Viento de Luna

    Me encanta tu actitud y la filosofía con que te tomas las cosas. De hecho te diré que algunos de mis más grandes héroes de toda la vida son: el profesor Crocker de “Los Padrinos Mágicos”, Plancton de “Bob Esponja”, el equipo Rocket de “Pokemon”, y, por supuesto, Gárgamel de “Los Pitufos”. Son los representantes del “aunque sea lo último que haga” y del ingenio creador, de la innovación. Buena filosofía.

  2. Me encanta el final de este post, que no le quita profundidad a lo anterior, sino que lo hace más humano.
    Sin perder el eje, en movimiento, porque el movimiento expande.
    Un abrazo.

  3. No sabes cuánto me ha gustado leer esta entrada. Respira optimismo y decisión, algo que estoy empezando a tener yo también. Felicidades Marcela.
    Un abrazo.

  4. Creo que a veces, todo es empezar, en cuanto sale una cosa bien, vienen unas cuantas detrás, pero antes seguro que ha estado el trabajo y la dedicación.
    Me alegre sentir que estás bien.

  5. Viento de luna: Como dicen por ahí: “Todo es cuestión de actitud” y a mi me sobra bastante…

    Magui: Me encantan los Pitufos y siempre tuve lástima por Gárgamel aunque me encantaba su persistencia… “los atraparé, los atraparé…”

    Quierodormir: Me alegra mucho por vos… creo que siempre me ha caracterizado que tengo tendencias al optimismo y a la alegría, porque aunque se va algunas veces, ésta siempre regresa. Un abracito para tí también.

    Barrenado: Dedicación me sobra, por eso las cosas casi siempre me salen bien.

  6. Se respira un ambiente positivo que se contagia, querida “Pitufina innovadora” 🙂

  7. Como quien dice una muchacha echada pa’alante…
    saludos

  8. Daniel y tajalápiz… este post me pareció luego una premonición, pero la ciencia no me permite creer en ello. Digamos más bien que ahora veo el producto de mi esfuerzo y eso que apenas estoy empezando.

    Estoy embriagada de lo contenta que estoy, gracias por pasarse por acá y darme tan buenos ánimos.

    Un abracito.

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