Un nuevo rumbo

Es curioso que después de escribir el post anterior, mi vida allá dado nuevamente un giro que cambió mi rumbo pero no mi norte.  Estas dos últimas semanas han sido de locura, el cambio trajo consigo una gripa llorona que sólo duró tres días producto de la sintomatización que realizo cuando algo me saca de equilibrio pero apenas logré estabilizarme un poco y con ayuda de un Distrán, desapareció.  Dicen por ahí, los bien hablados, que mi semblante es otro y no es para más, cada cambio significan nuevas oportunidades, una ocasión perfecta para redimirnos de algún suceso del pasado o un una muy buena esperanza.  Con tanto que tengo por hacer últimamente no he tenido mucho tiempo para pasarme por los blogs y mucho menos, por el mío.  No me he ido, no he dejado abandonado mi café ni tampoco no he vuelto porque estoy triste, todo lo contrario, aún no tengo los pies en la Tierra.  Apenas aterrice de nuevo y mi cabeza deje de orbitar en Júpiter, mi planeta favorito, volveré porque extraño las charlas y los cafés que siempre me tomo por acá.

Una maquinita en perpétuo movimiento

No es tarde, pero estoy un poco cansada y tengo tanto sueño que me parece que lo es. Sin embargo cuento las horas que necesito dormir para levantarme fresca y lozana y me doy cuenta que todavía puedo aprovechar dos horas más para hacer las cosas que quiero o las que necesito hacer, aunque con el pragmatismo que me caracteriza, a estas horas del día, o de la noche, jamás haría algo que tuviera que hacer a menos que me gustara.

Me detengo acá y leo el párrafo anterior y recuerdo meses, e incluso años atrás, en las que la vida era otra cosa porque yo lo había querido así. Tardes enteras sentadas en el parque con unas pocas cervezas en compañía de dos de mis mejores amigos, disertando sobre la vida, la ciencia, la literatura, cine y la música. Tardes y noches en las que mis amigos fueron mis psicólogos y yo el de ellos, en las que aprendí y desaprendí tantas formas de ver y de vivir la vida. Esas tardes no están muy lejos y tampoco han dejado de existir, pero cada vez son menos.

Lo es, porque lo he escogido así. En otras palabras, no soy mujer de rutinas y lo que más me mueve en el mundo es la innovación. Si no encuentro algo novedoso en el curso en el que me muevo, mi espíritu me impulsa a buscarlo en otros recónditos o no tan recónditos lugares y en personas con las que yo puedo sentir algo nuevo para volver a aprender y desaprender. Mi vida está cerca de ser, en otras palabras, un claro ejemplo de una máquina ideal de movimiento contínuo, salvo por supuesto, que aún no se ha descubierto una fuente de energía infinita e ilimitada y que además, y menos mal, no soy un ser inmortal.

Aquí me encuentro haciendo la retrospectiva de un poco más de un año y orgullosa por ser en estos momentos reconocida en mi trabajo por haber alcanzado los primeros objetivos propuestos, y digo primeros porque estos conllevan a más. Y no sólo eso, también estoy en la recta final de cumplir uno de mis objetivos a nivel profesional que al mismo tiempo se ha convertido en un reto personal. Mi cabeza está llena de ideas, de proyectos, de metas y por supuesto, de sueños. Y aunque no faltarán las dificultades, a paso lento pero seguro, los alcanzaré.

Los alcanzaré, “…aunque sea lo último que haga, ¡lo último que haga!”. Gárgamel refiriéndose a los Pitufos.

Los sueños, sueños son

En las noches justo antes de dormir, cuando ya deposito mi cabecita en la almohada blandita que me hizo mi madre, mi mente retorcida comienza a pensar en cualquier tema, pero a veces me enloquece cuando piensa en dos o tres a la vez. Los pensamientos no todas las veces son de situaciones que me hacen feliz, algunos me estresan cuando se trata de trabajo o estudio u otros me ponen un poco triste, aunque hasta el momento, ninguno me ha quitado el sueño.

Pero sueño, que muchas veces es lo mejor, pero no todas, sobre todo cuando sueño que soy la protagonista de una película de acción, que extrañamente no es mi género favorito, pero es un sueño tan largo y tan lleno de actividades que me siento al despertar como si hubiese ido a cine y me siento lista para escribir un guión, que se me olvida lastimosamente cuando abro el chorro del baño para ducharme y salir de casa en menos de una hora. O cuando me pasa siempre que quiero volver a nadar en piscinas olímpicas, como la que tengo en disposición ahora, cuando sueño que nado y nado sin agotarme en lugares tranquilos, limpios y transparentes.

Me he levantado asustada otras veces cuando tengo pesadillas cuando algo me atormenta, muchas veces a causa de alguna banalidad y otras con algo que quizá me ha marcado afortunadamente no por mucho tiempo. Como las semanas enteras en las que soñé en las que encontraba de mil formas el libro que perdí un día en la Universidad siendo yo muy primípara o cuando he soñado que veo a uno de mis ex vestido con un ridículo pantalón naranja y una camisa a cuadros que no combina, con 10 kilos de sobre peso y lo he lanzado, después de darle una patada en el estómago, colina abajo dando vueltas sin parar y obviamente la gordura le ayudaba a rodar. O como aquella vez en la que desperté a medio vecindario cuando me puse a gritar a todo pulmón cuando soñé de forma muy real, mientras dormía en casa de una tía, que me encontraba sola durmiendo en mi casa de dos pisos y que los ladrones saquearon todo hasta llegar a mi habitación y forcejeaban mi cerradura para entrar y robarme, aquella noche me volví a dormir con un tremendo dolor de garganta.

Y qué hay de las veces en las que me permito soñar despierta, como aquellas tardes de descanso un domingo en los que después de hacer deporte y limpiar un poco mi aposento, me permito acostarme en el piso de mi terraza a mirar el cielo mientras sueño con mi futuro o con aquel que me da unos besos muy ricos y unos abrazos confortantes y, si acaso está lloviendo, me tiendo en mi cama a contemplar la lluvia que golpea las ventanas sumergida en un mar de elucubraciones revoltosas de color azul con tonos morados y a veces rojos de pasión.

Cinco minutos de no hacer nada en la oficina dan para mucho, sobre todo, para soñar!!!

Bus Stop

bus_stop_by_brips

Bus Stop by ~Brips on deviantART

Afuera llueve, no quisiera que escampara.  Me quiero acurrucar en mi cobija, no importa si estoy sola, me abrazaré a ella mientras calienta mi cuerpo.  La parada de bus en la tarde me inundó de pensamientos. Éramos muchos bajo el techo huyendo de la tempestad, los que estábamos en la periferia aguantábamos un poco más de un viento muy frío y padecimos de algunas gotas de lluvia. Los de más al centro, quizá estaban más tibios al calor de los cuerpos más cercanos, resguardados por un muro de personas protegiéndolos del invierno.   

Las gotas de lluvia golpean mis ventanas y recuerdo la parada de bus en la tarde, no porque me haya molestado el tiempo climático inclemente arreciando contra nosotros, sino porque por esta vez todos de pie, todos juntos, éramos tantos, unos cuantos tantos ¡esperando lo mismo!.

Y me la bajaron…

Acá está…

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Tomado de http://www.tutehumor.com.ar/

Para después de hacer el amor

Cuento

 

Por: Marco Tulio Aguilera Garramuño

 

Un hombre que era un extranjero hasta de sí mismo se enamoró de una mujer extraña. Y se lo dijo. Pero ella era una mujer extraña, muy solitaria, indiferente, con pájaros en la cabeza. Si me quieres – le dijo – yo no se si pueda quererte – Y, ¿cómo podré convencerte de que me quieras? – preguntó el hombre.  Yo no conozco el mar – dijo la mujer – , no conozco el bosque ni la selva. Sueño con orquídeas desde que las oí mencionar. He vivido en mi casa desde que nací. No he ido más allá de los límites de mi jardín.

 

En los ojos de la mujer había algo semejante a una tristeza serena, a un aburrimiento domesticado, a una desesperanza ya vieja y sin solución. Y, sin embargo como quien trata de pescar ballenas en el manantial del traspatio, se atrevió a pedir:

 

         Llévame a ver el mar.

         De acuerdo – dijo el hombre – Empaca y nos vamos.

         Pero quiero ir a pie, desnuda y con una venda sobre los ojos.

         No verás el camino.

         Tú me guiarás.

         Pero entonces no podrás ver el bosque y las selvas, no conocerás las orquídeas.  No gozarás al contemplar por primera vez el mar.

         Quizás sí pueda verlos y conocerlos a través de tus ojos.

         Y entonces, ¿me amarás?

         Antes de quitarme la venda me describirás el mar.  Luego, cuando yo lo vea con mis propios ojos, sabré si puedo amarte o no.

 

(Tomado de Cuentos para después de hacer el amor)

Dream a little dream of me

Photobucket 

Un correo con una imagen que le recuerda a mi con una pregunta que aún no respondo: “¿Soy tu lobo?”.  Una cena a la luz de las velas, una conversación agradable, una sonrisa y una caricia.  Los mimos que nunca faltan. Una llamada a las 8:00 a.m. y unas breves palabras:  “acabo de soñar contigo”.

En seguida suena la canción por teléfono

“Stars shining bright above you.

Night breezes seem to whisper, ‘I love you,’

Birds singing in the sycamore tree.
Dream a little dream of me.

Say nighty-night and kiss me.
Just hold me tight and tell me you’ll miss me.
While I’m alone and blue as can be,
Dream a little dream of me.

Stars fading, but I linger on, dear,

Still craving your kiss.
I’m longing to linger ’till dawn, dear,
Just saying this:

Sweet dreams ’till sunbeams find you,

Sweet dreams that leave all worries behind you.
But in your dreams, whatever they be.
Dream a little dream of me.”

Y yo me pongo a soñar porque ya en algún lado del mundo, muy cerquita a mi, alguien acaba de soñar conmigo.