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Somersault

Quién no, aunque ya se es adulto, se continúa preguntando sobre las diferencias existentes entre amor y sexo. Algunos de mis amigos y conocidos, en su mayoría hombres, distinguen o dicen distinguir muy bien entre lo uno y lo otro, y afirman además (juran saber y estar seguros) que las mujeres no sentimos igual, pues constantemente estamos mezclando el sexo con amor.  No quiero adentrar en gustos o preferencias adultas: que es mejor el amor libre, el sexo sin compromiso, el amor líquido, asistir a bares sw con el amigo o la amiga de turno, casarse, quedarse soltero, que no hay amor sin sexo pero que si hay sexo sin amor. Lo que quiero narrar es mi percepción y sensación al ver una película que tuve la oportunidad de ver recientemente llamada Somersault.

Heidi es una chica de unos 15 años aproximadamente, quien está en búsqueda de su identidad femenina y está en sintonía de querer sentirse una mujer deseada. Besa al novio de su madre, la cual se da cuenta y la niña comienza una carrera de aventuras por fuera de casa. Conforme avanza la película, Heidi se deja ver como una chica desorientada y piensa que el poder de su sexo le conseguirá lo que necesita en el momento: techo y comida.  No quiero que esto se sobre entienda como prostitución porque no lo es. ¿Alguna vez han pensando en el arte de la manipulación?, pues Heidi trata de hacerlo sin mucho frutos ofreciendo un ratico de placer. Pero no es sólo un intercambio de un plato de comida por sexo, es realmente una búsqueda del amor por medio de un placer momentáneo, una compañía pasajera y un vacío post coito.

Heidi deambula por las calles, luce como una persona que cuando se busca así misma no se encuentra, esperando; mientras ese chico a quien apenas conoce y con quién acaba de pasar la noche se va a trabajar como todos los días y apenas piensa en ella. Heidi es dulce aunque es una niña confusa que no sabe distinguir entre el amor y el sexo. Al final Joe, ese chico serio y frio, en busca también de una identidad sexual, termina enamorándose de ella, como sucede no sólo en las películas, a destiempo, irónicamente cuando una aparente madura Heidi aprende a distinguir entre el amor y el sexo.

Entonces me quedo divagando en los sentires de los demás, en las expresiones de los hombres que conozco y que no me atrevo a repetir a mis amigas y pienso en ellas. Ventajas de estudiar una carrera hasta hace unos pocos años exclusiva para el género masculino, es el de haberse rodeado de ellos y conocerlos en sus más íntimas dimensiones. Es paradójico oírles decir algo referente a una mujer a veces despectivo, en ocasiones tan vulgar, verlos después en sus dimensiones de pareja (sea cual sea) y luego reunirme con estas inocentes mujeres sin atreverme a decir lo que otros dicen o piensan de ellas. ¿Será que los hombres y las mujeres siempre estamos a destiempo o las diferencias entre el amor y el sexo será de igual manera, diferentes para ambos géneros?

Muchas seremos Heidi: mujeres buscando amor a través del sexo, entregando sus cuerpos sin amor, eternamente confusas, eternamente vacías. Otras escaparemos de ello.

Sommersault (2004). Australia.  Ganadora de 13 premios en AFI Awards 2004 Melbourne.

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Después de todo

Una “amiga” me hizo recordar otro de los poetas que más leo y quise dar a compartir uno de sus poemas que me gustan mas, aunque siempre me es difícil escoger.  Para ustedes (y para mi ) os presento a Jaime Sabines:

DESPUÉS DE TODO

 

Después de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarse juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.

 

Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo,
mezquina paga de los que mueren juntos.

A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.

Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.

Soledad, márcame con tu pie desnudo,
aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.

 

  

 

 

 

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Aquí estoy yo, contemplando el cielo en conjugación con el verde de los árboles que se enmarcan en mis ventanas y suspirando, sólo eso, suspirando lento, amorosa y profundamente.