Mil grullas / Isabel Bornemann

 

Naomi Watanabe y  Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos.

Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían muy bien qué era lo que estaba pasando.

 Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a la noticia de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes.

Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.

¡Ah… y también se estaban descubriendo uno al otro!

Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podían transitar ese imaginario senderito  de ojos a ojos.

Apenas si habían intercambiado algunas frases. El afecto de los dos no buscaba las palabras. Estaban tan acostumbrados al silencio…

Pero Naomi sabía que quería a ese muchachito delgado, que más de una vez se quedaba sin almorzar por darle a ella la ración de batatas que había traído de su casa.

-No tengo hambre –le mentía Toshiro, cuando veía que la niña apenas si tenía dos o tres galletitas para pasar el mediodía. -Te dejo mi vianda –y se iba a corretear con sus compañeros hasta la hora de regreso a las aulas, para que Naomi no tuviera vergüenza de devorar la ración.

Naomi… Poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas trenzas negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero ese futuro quedaba tan lejos aún…

El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano, que llegó puntualmente el 21 de junio y anunció las vacaciones escolares.

Y con la misma intensidad con que otras veces habían esperado sus soleadas mañanas, ese año los ensombreció a los dos: ni Naomi ni Toshiro deseaban que empezara. Su comienzo significaba que tendrían que dejar de verse durante un mes y medio inacabable.

A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos una de la otra, sus familias no se conocían. Ni siquiera tenían entonces la posibilidad de encontrarse en alguna visita. Había que esperar pacientemente la reanudación de las clases.

Acabó junio, y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque…

Se fue julio, y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque…

Y aunque no lo supieran: ¡Por fin llegó agosto! –pensaron los dos al mismo tiempo.

 

Fue justamente el primero de ese mes cuando Toshiro viajó, junto a sus padres, hacia la aldea de Miyashima (1). Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas que veían apilarse vasijas en todos los rincones de su local.

 Ya no  vendían nada. No obstante, sus manos viejas seguían modelando la arcilla con la misma dedicación de otras épocas, -Para cuando termine la guerra… –decía el abuelo-. Todo acaba algún día… –comentaba la abuela por lo bajo. Y Toshiro sentía que la paz debía de ser algo muy hermoso, porque los ojos de su madre parecían aclararse fugazmente cada vez que se referían al fin de la guerra, tal como a él se le aclaraban los suyos cuando recordaba a Naomi.

¿Y Naomi?

El primero de agosto se despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba sobre la nieve. Sola. Descalza. Ni casas ni árboles a su alrededor. Un desierto helado y ella atravesándolo.

Abandonó el tatami (2),  se deslizó de puntillas entre sus dormidos hermanos y abrió la ventana de la habitación. ¡Qué alivio! Una cálida madrugada le rozó las mejillas. Ella le devolvió un suspiro.

El dos y el tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus (3):

Lento se apaga

El verano

Enciendo

Lámpara y sonrisas.

 

Pronto

Florecerán los crisantemos.

Espera,

Corazón.

 

Después, achicó en rollitos ambos papeles y los guardó dentro de una cajita de laca en la que escondía sus pequeños tesoros de la curiosidad de sus hermanos.

El cuatro y el cinco de agosto se lo pasó  ayudando a su madre y a las tías ¡Era tanta la ropa para remendar!

Sin embargo, esa tarea no le disgustaba. Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en un juego entretenido lo que acaso resultaba aburridísimo para otras chicas. Cuando cosía, por ejemplo, imaginaba que cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar un deseo para que se cumpliese.

La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó en el pantalón de su hermano menor el ruego de que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de su papá, el pedido de que Toshiro no la olvidara nunca…

Y los  dos deseos se cumplieron.

Pero el mundo tenía sus propios planes…

 

Ocho de la mañana del seis de agosto en el cielo de Hiroshima.

Naomi se ajusta el obi (4)   de su kimono (5) y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?

“Ahora”, Toshiro Pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?

En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.

En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez un cielo. El cielo de Hiroshima.

Un  repentino resplandor ilumina extrañamente la ciudad.

En ella, una mamá amamanta a su hijo por última vez.

Dos viejos trenzan bambúes por última vez.

Una docena de chicos canturrea: “Donguri-Koro Koro- Donguri Ko…” (6)  por última vez.

Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.

Miles de hombres piensan en mañana por última vez.

Naomi sale para hacer unos mandados.

Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.

Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegran esa mañana. Y con ellos desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el pasado de Hiroshima.

Ya ninguno de los sobrevivientes podrán volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino querido.

Nadie será ya quien era.

Hiroshima arrasada por un hongo atómico.

Hiroshima es el sol, ese seis de agosto de 1945. Un  sol estallando.

 

Recién en diciembre logró Toshiro averiguar donde estaba Naomi. ¡Y que aún estaba viva, Dios!

Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en una localidad próxima a Hiroshima. Como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera ahora instalado dentro  de ellos, en su misma sangre.

Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.

El invierno se insinuaba ya en el aire y el muchacho no sabía si era frío exterior o su pensamiento lo que le hacía tiritar.

Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.

Sobre su mesa de luz, unas cuantas grullas de papel desparramadas.

-Voy a morirme, Toshiro… –susurró. No bien su amigo se paró, en silencio, al lado de su cama. –Nunca llegaré a plegar las mil grullas que me hacen falta…

Mil grullas…o “Semba-Tsuru” (7), como se dice en japonés.

Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesita, sólo veinte. Después, las juntó cuidadosamente antes de guardarlas en un bolsillo de su chaqueta.

-Te vas a curar, Naomi –le dijo entonces, pero su amiga no le oía ya: se había quedado dormida.

El muchachito salió del hospital, bebiéndose las lágrimas.

 

Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporalmente alojados) entendieron aquella noche el por qué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.

Hojas de diario, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los mayores se durmieron, sorprendidos.

En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre las sombras. Esperó hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con  sigilo y abrió el armario donde se solían acomodar las mantas.

Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.

La tijera la llevaba oculta entre sus ropas.

Y así, en el silencio y la oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó primero novecientos ochenta cuadraditos y luego los plegó, uno por uno hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía, El muchacho se encontraba pasando  hilos a través de las siluetas de papel. Separó en grupos de diez las frágiles grullas del milagro y las aprestó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.

Con los dedos pasmados y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras dentro de su furoshiki (8)  y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por esa única vez, tomó sin pedir permiso la bicicleta de sus primos.

No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.

 

-Prohibidas las visitas a esta hora- le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala en uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.

Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre su lecho, Por favor…

Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma aparentemente impasibilidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió que entrara: -Pero cinco minutos, ¿eh?

Naomi dormía.

Tratando de no hacer el mínimo ruidito, Toshiro puso una silla sobre la mesa de luz y luego se subió.

Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el cielorraso. Pero lo alcanzó. Y en un rato estaban las mil grullas pendiendo del techo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.

Fue al bajarse de su improvisada escalera cuando advirtió que Naomi lo estaba observando

Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.

Son hermosas, Tosí-can…(9) Gracias…

-Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas –y el muchacho abandonó la sala sin darse vuelta.

En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera también dejó colar, al entreabrir por unos instantes la ventana.

Los ojos de Naomi seguían sonriendo.

 

La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos. ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer el horror instalado en su sangre?

 

Febrero de 1976.

Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.

Serio y poco comunicativo como es, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se encuentran algunas grullas de origami dispersas al azar.

Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue sorprenderlo

Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de las máquina de calcular.

Grullas surgidas de servilletas con impresos de los más sofisticados restaurantes…

Grullas y más grullas. Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe de creer en aquella superstición japonesa

-Algún día completará las mil… –cuchicheaban entre risas– ¿Se animará entonces a colgarlas sobre su escritorio?

Ninguno sospechaba, siquiera , la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.

 

GLOSARIO

1) Miyashima: pequeña isla situada en las proximidades de la ciudad de Hiroshima

2) Tatami: estera que se coloca sobre pisos, en las casas japonesas tradicionales

3) Haiku: breve poema de diecisiete sílabas, típico de la poesía japonesa.

4) Obi: faja que acompaña al kimono.

5) Kimono: vestimenta tradicional japonesa, de amplías mangas, largas hasta los pies y que se cruza por delante, sujetándose con una especie de faja llamada obi.

6) Donguri-Koro Koro- Donguri Ko: verso de una popular canción infantil japonesa.

7) Semba-Tsuru: Mil grullas. Una creencia popular japonesa, asegura que haciendo mil de esas aves –según enseña a realizarlo el origami (nombre del sistema de plegado de papel)– se logra alcanzar la larga vida y felicidad.

8 ) Furoshiki: tela cuadrangular que se usa para formar una bolsa, atándola por sus cuatro puntas después de colocar el contenido.

9) Tosí-can: diminutivo de Toshiro.

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32 Respuestas a “Mil grullas / Isabel Bornemann

  1. Muy bueno, triste, pero lo bueno a veces lo es.

  2. Me ha gustado Marcela, gracias por compartirlo.

    Un abrazo!

  3. Una de las cosas que me gustan, es la de leer cuentos en voz alta. Este cuento en especial es uno de los que leo cada vez que voy a iniciar un taller de origami y se pretende iniciar con una grulla. Está en la entonación de las palabras, el uso de una voz adecuada y los gestos de rostro y manos para que el cuento haga su efecto y todos construyamos la grulla con un gran significado para sí mismos.

    La grulla en Japón es símbolo de paz, dicen que quien construye 1000 grullas, esta honorable ave le consederá un deseo o bien, la felicidad eterna.

    He construido apenas algunas doncenas de grullas, he enseñado a contruirla quizá a cientos de niños y algunos adultos, pero me he propuesto impulsar a mis amigos y a mi misma a encontrar la felicidad eterna construyendo las mil grullas. Yo hago la primera, se las obsequio junto con el cuento y los motivo a continuar.

    Yo ya estoy en la consecución de mi deseo…
    ___________________________

    Gracias Barrenado y Etereal por pasarse por mi blog, me alegra mucho que les haya gustado, ahora a construir su primera grulla!!!

    Un abrazo!!

  4. Un cuento precioso.
    Si supiera haría una grulla ahora mismo.

    Talueguin!

  5. Adamas: hay vídeos es internet que explican los pasos, aunque si es mucho mejor cuando tienes a alguien que te explique al lado. Ánimate viendo los vídeos, como por ejemplo: http://biboz.net/videos/grulla-de-origami

    Aunque a este vídeo le falta una primera parte que es la de doblar la hoja cuadrada por sus dos diagonales.

    Bienvenida y espero verte de nuevo por mis lares!!!

  6. ya vamos 320.. Lei este cuento hace un tiempo y me propuse hacer 1000, le enseñe a mis amigos, hermanas y sobrinos, espero que podamos llegar =)

    Me gusto mucho tu comentario y la idea de obsequiar la primera con el cuento, pa estas fiestas le regalare el libro de Bornemann a mi sobrina que esta muy enganchada..

    q weno q publiques cosas de este estilo, lindo blog.

    un beso!

  7. me encanta este cuento
    es muy triste…
    yo ya voy por las 252 gruyas,espero llegas e las 1000

  8. Rocio y Sa, gracias por visitarme, son bienvenidas cuando quieran.

    Recientemente recordé a esa persona a la que le obsequié mi primer grulla, era de color rojo y era pequeña, hecha con mucha delicadeza y entregada con mucho cariño.

    No se si esa persona valoró mi esfuerzo, no se si aún la conserva, pero me gusta pensar que impulsé a esa persona a la consecución de sus sueños.

    Sigan construyendo sus grullas, en familia, con amigos o solas, pronto obtendrán lo que desean.

    Un abrazo.

  9. Gracias por compartir esta historia tan hermosa. Rescato de ella el mensaje de paz y las buenas intenciones de las personas.
    Mi mamá es origamista y me comentó esta historia y otras. Hoy entré al sitio a lleerlas. Ella ha hecho muchas grullas en su vida, pero ahora (junto a una amiga) están preparando 1000 para pedir por la PAZ.
    Los buenos deseos se cumplen… saludos y gracias vivi

  10. Hola! saludos, me interesó mucho el significado de las grullas. En este momento apenas tengo hechas 32, tengo programado terminarlas para el 1° de setiembre porque quiero regalarlas a un amigo que está lejos, por su cumpleaños. Quisiera saber, si tiene el mismo significado, regalar las 1000 grullas o el beneficio será solo para mi?… Gracias.

  11. es muy triste pero tambin es muy emosionante hoy 23 del mes 10 de 2009 yo y mmi clase lo estamos lellendo yo soy un alumno y mi maestra se llama veronica da Costa y yo me llamo bruno lopez

  12. esta re bueno este curnto

  13. yo me llamo bruno lopez y mi maestra se llama beronica da costa voy a sexto año es una istoria triste pero a la ves apacionada

  14. Lo busqué por curiosidad, mi hijo quiere aprender el arte del origami, y busqué el nombre de noami watanabe, juustamente por esta historia que leí hace más o menos 20 años en mi secundaria, y me pareció tan triste pero tan dulce a la vez, que quedó plasmada en mi memoria a pesar del paso de los años. Gracias por compartirla.

  15. Hola!
    He quedado encantada con el relato. Es un cuento que tú escribiste o es una publicación?
    Me gustaría saberlo…
    De ahora en más seguiré tu blog. es maravilloso.!

  16. Me comentaron de este cuento y decidi leerlo ya que tambien empece a estar en esto del origami y la verdad me encanto!! es triste pero deja un significado hermoso!! Gracias por publicar cosas asi!!! Te felicito!!

  17. Gabi la gargola

    muy bueno esto

  18. medejo sin palabras…
    pobre chico

  19. Conozco la lleyenda de las 1000 grullas desde hace mucho tiempo, y un dia que discuti con mi amada le regale una grulla con la leyenda escrita dentro y con un final que decia “si tengo que hacer las 1000 grullas para volver contigo,te prometo que las hare” y la discusion paso y volvimos a ser felices. Pero ahora eso no ocurre y la relacion termino y estamos distanciados… y como prometi estoy haciendo las grullas, han pasado 2 dias y tengo casi 50, pero me empleare a fondo y lo conseguire, y espero que mi mayor deseo se cumpla…

  20. hola, me gusto mucho la verdad muy realista el cuento

  21. yo lo avia leido en la escuela,asta vi una historieta en video de esto jejeje,por eso me puse el nombre de toshi-chan.adios amigos

  22. maria milagros

    me encanto la historia es muy realista…esta muy buena…
    y es muy bueno que escriban estas cosas

  23. ¿porque el cuento empieza en pasaso y termina en presente?

  24. esta historia me parece muy buena…produce muchos sentimientos en la persona que lee esta leyenda japonesa muy popular …y tierna de por sí.

  25. esta historia deja un mensaje muy claro a mi me enseñó que:“ La esperanza te lleva a la cima´´.(lei en otro sito web la historia y toshiro estaba enamorado de naomii¡¡¡¡¡¡¡¡<3 ❤ )
    Muy tiernooooooooooooo

  26. digo eso porque ,otra versión de la leyenda dice que una niña hacía las grullas para mandar mensajes para encontrar a sus padres…pero no sucedió pero ella puso sus esperanzas en las grullas y gracias a lo que la niña hizo con las miol grullas …en ese tiempo los adultos que habian perdido a sus hijos comenzaron a adoptar niños del hospital…<3

  27. aaaaaaaaa…….y escribian a veces los mensajes con sangre o saliba porque con la tragedia no tenian lapices
    (iuj)

  28. este cuento es realmente pavades

  29. mui Bueno El kuento me lo habian kntado pero nunka es lo mismo leerlo thu mismo es mui bueno *-* ^-^

  30. CUENTO …texto tipo, trama, y funcion?? xfaa!! 😀

  31. MUY bueno el cuentoo si pueden conts.. rapidooo! 😀

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