Cometas en el cielo

 

Una de las ventajas que le encuentro a mi trabajo es que no siempre estoy encerrada en mi oficina así sea con nueve ventanas abiertas a esa vista verde que me gusta tanto, ni siquiera pongo música en el computador ni uso los audífonos porque la música que se escucha proveniente de la naturaleza que me rodea, es sencillamente espectacular como el petirrojo que todos estos días ha venido a mi ventana a saludarme.

 

A veces toca salir, pero igualmente a experimentar situaciones y paisajes inolvidables de mi propia tierra, y aunque a veces se piensa que para disfrutar del paisaje hay que salir de la ciudad, eso no fue precisamente lo que viví el jueves pasado.

 

Mi ciudad posee 7 cerros, El Picacho, Santo Domingo, El Pan de Azúcar, El Nutibara y el Volador, todos con las característica de ofrecer variada naturaleza, reservas de apiario, árboles, flores, diversa fauna silvestre como aves y mariposas y vestigios de comunidades indígenas,  algunos con un acceso más restringido por otros debido a su situación geográfica o por cuestiones de seguridad social.  En Medellín, el más visitado es sin duda el Cerro Nutibara que cuenta con el Teatro al Aire Libre Carlos Vieco y con la simulación de un pequeño pueblo típico de la región conocido como el Pueblito Paisa.

 

El jueves en compañía de 120 personas en las que habían 103 indígenas embera catíos y senúes provenientes de diferentes resguardos del departamento de Antioquia, subimos caminando hasta la cima del cerro recorriendo caminos antiguos rememorando los legados de nuestros ancestros.  Después de escuchar la fascinante historia del Valle de Oro dibujado justo al poniente sobre el Cerro Pan de Azúcar, nos dispusimos todos a elevar nuestras cometas.

 

Volví a ser una niña con el hilo de mi cometa en mano corriendo de un lado a otro para elevarla, su estilo aerodinámico hizo que se levantara fácil y sus colores comenzaron a adornar el cielo, algo ya sabía sobre el vuelo de las cometas, sobre la ecuación de continuidad, basada en la segunda ley de Newton y el principio de Bernoulli, pero hay que estar allí, cometa en mano, fijarse en la orientación del viento que está vez fue de este – oeste y empezar a elevarla, atrás quedan esos principios físicos y te dejas llevar por el sol, por las nubes, por el viento, por la felicidad.

 

Estar allí arriba con 120 cometas en el cielo de diferentes colores es una sensación apenas comparable con esa felicidad que todos buscamos, la de estar tranquilos, la de respirar paz y libertad, no sólo física, sino emocional o mental.  Ese día recordé las comentas que elevé junto a mi padre cuando era niña, cuando íbamos a Envigado o Caldas, nos subíamos a una pequeña colina y empezaba a enseñarme los movimientos claves de mi muñeca para que no se me cayera o como debía de sujetar el hilo para que no se me soltara y mi cometa volara más libre que yo allá en el cielo.

 

También tuve tiempo de reflexionar en aquella película que me vi hace un mes: “Cometas en el cielo”, una película que te muestra que fácilmente la felicidad puede ser empañada por circunstancias que pueden traer aires más fuertes en un futuro y romper el hilo, que las cometas no vuelan al azar y que la amistad lo puede todo.

 

Elevé mi cometa pensando en las palabras de Hassan, cuando le decía a su amigo: “por ti lo haría mil veces más”.

 

Fragmento del libro “Cometas en el cielo”:

“Diciembre de 2001,
Me convertí en lo que hoy soy a los doce años. Era un frío y encapotado día de invierno de 1975. Recuerdo el momento exacto: estaba agazapado detrás de una pared de adobe desmoronada, observando a hurtadillas el callejón próximo al riachuelo helado. De eso hace muchos años, pero con el tiempo he descubierto que lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto, porque el pasado se abre paso a zarpazos. Ahora que lo recuerdo, me doy cuenta de que llevo los últimos veintiséis años observando a hurtadillas ese callejón desierto.
Mi amigo Rahim Kan me llamó desde Pakistán un día del verano pasado para pedirme que fuera a verlo. De pie en la cocina, con el auricular pegado al oído, yo sabía que no era sólo Rahim Kan quien estaba al otro lado de la línea. Era mi pasado de pecados no expiados. En cuanto colgué, salí a dar un paseo por Spreckels Lake, en la zona norte de Golden Gate Park. El sol de primera hora de la tarde centelleaba en el agua, donde docenas de barcos diminutos navegaban empujados por una brisa vivificante. Levanté la vista y vi un par de cometas rojas con largas colas azules que se elevaban hacia el cielo. Bailaban por encima de los árboles del extremo oeste del parque, por encima de los molinos de viento. Flotaban la una junto a la otra, como un par de ojos que observaran San Francisco, la ciudad que ahora denomino “hogar”. De repente, la voz de Hassan me susurró al oído: “Por ti lo haría mil veces más”. Hassan, el volador de cometas de labio leporino.
Me senté junto a un sauce en un banco del parque y pensé en lo que me había dicho Rahim Kan justo antes de colgar, como si se tratara de una ocurrencia de última hora. “Hay una forma de volver a ser bueno”. Alcé de nuevo la vista en dirección a las cometas gemelas. Pensé en Hassan. Pensé en Baba. En Alí. En Kabul. En la vida que había vivido hasta que llegó el invierno de 1975 y lo cambió todo. Y me convirtió en lo que hoy soy.”

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6 Respuestas a “Cometas en el cielo

  1. Osman Jairo

    Hola bella, he estado leyendo todo, con calma y profundamente y sigo llegando a la misma conclusión: debes publicarlo, dara conocer al mundo tu forma de pensar, tus sentimientos. Osman

  2. ARIADNA COSTAVELES

    Hola chica, soy Ariadna de Mendoza Argentina, un amigo de Bogotá, me recomendó tu blog, en principio crei que era uno de tantos que escribe la gente sólo por aparecer en la web, pero me siento gratamente sorprendida por tu estilo fresco, puro y dinámico al escribir, espero que nos sigas sorprendiendo con tu narrativa

  3. Osman: Gracias por darte la vuelta por estos lares. Recuerdo lo que me dijiste ayer: ” yo manejo los hilos de mi propia vida”. Excelente.

    Ariadna: Me alegra que te haya gustado. A todos les he dicho que no soy escritora ni me formé en ello, pero le saco gusto como a todo. Sigue pasando por acá, siempre serás bienvenida.

  4. Hola EliMarcela 🙂
    Que bueno que regreses a escribir en tu blog, después de ese prqueño descanso, he leído una gran cantidad de tus escritos y me parecen muy buenos con una gran claridad y siempre muy naturales sin buscar ser pretenciosos, referente a “Cometas en el cielo” quien no recuerda haber construido su propio cometa e ir a buscar el mejor lugar para volarlo , y luego cuando por alguna razón se rompe y se va volando solo y vas tras él persiguiéndolo a veces lo encontrabas y con unas arregladitas quedaba casi perfecto, otras era imposible volver a planear, pero rápido te pusiste a hacer otro, jaja eso se podría usar como analogía hacia los sueños que quieres lograr 🙂

    Hasta pronto!

  5. Victoria Jiménez Pereña

    Bonita película.¿Me pondrías tu reflexión?

  6. me fascinas como escribes eres una grande.
    felicitaciones.eres de admirar.

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