Pieles falsas, falsas realidades.

Una vez estaba con los profesores con los que trabajo realizando una salida pedagógica en un pueblo, de regreso y después de haber cantado unas cuentas canciones de Serrat y otras de tango, me dio curiosidad y le pregunté a Quijote si era casado. Me respondió que se había separado hacía dos años y que se sentía feliz. Sancho lo apoyó en su decisión y secundó que había sido lo mejor que había hecho. Le pregunté a Quijote cómo se sentía y me dijo que al haberse separado, sintió que se quitaba capas de piel de encima.

Después me bajé del carro y me quedé pensando en eso: cuántas capas de piel se pondrá uno cuando conoce a alguien?, qué tan pesado nos hacemos?, qué tan pesada se vuelve esa persona para uno?.

Han pasado algunos meses después del cuento sobre las capas de piel, han pasado algunos años desde que no estoy al lado de quien no quiero nombrar y sólo pasando semanas y días al lado de Quijote, viendo y viviendo lo feliz que es, pude comenzar a entender. 

He comenzado a quitarme los pedazos de pieles que se adhieren por costumbres, prejuicios, rencores, rutinas, falsedades, apariencias y miedos, pero me queda una, una capa gruesa, espesa y áspera que no se qué hacer con ella. Y es la de un sentimiento, uno que tampoco quiero nombrar.  

Me doy unas cuantas vueltas por la oficina, salgo a caminar por las afueras, regreso y vuelvo a pararme junto a las ventanas para ver las copas de los árboles mecerse mientras se me despeja la mente, no puedo estar loca, no puedo ser yo la que está mal. Tengo una gran necesidad de mirarme al espejo, para mirarme a los ojos y ver que hay en ellos, para darme cuenta que sigo siendo la misma Alicia en el espejo o quizá alguien mejor y que en todo lo mío hay una mujer que es la que quiero ser, que no hay nada de malo en sentirse así, ni en sentir así.  Es natural en mí el reflejo de lo que hago con pasión, hasta las cosas más sencillas, como tomarse un tinto, ver tv, ir a cine o mecerse en la hamaca. 

Yo, al igual que Quijote, tengo la necesidad de quitarme pedazos de piel de encima, como cuando se ha tomado el sol y la piel comienza a resquebrajarse y a salir por pedazos como descaspando y uno vuelve a su color original, al de siempre, al real.

No encontraré una paz absoluta si lo hago, si me quito de encima pieles que no son mías, pero quizá encuentre la liviandad que tanto he estado buscando.  

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2 Respuestas a “Pieles falsas, falsas realidades.

  1. Es muy curioso, esta mañana estaba pensando en que un día decidí que no quería volver a broncearme, lo hice después de entender que ese color doradito que a tantos les gusta no es más que una respuesta defensiva del organismo frente a la agresión de los rayos solares, y sí, yo sé que el sol también nos da vida acá en la tierra pero también está el bloqueador solar factor 60. Puede que también haya tomado esa decisión por vanidad, no lo niego, porque quiero tener una piel bonita siempre pero también me hace sentir más única el hecho de que no sigo las costumbres de las masas que se tiran en la playa a tostarse bajo el sol.
    Ahora leyéndote noto que quizás mi decisión también haya estado motivada por el querer ser yo misma en toda su intensidad.
    Yo también noté familiaridad en tus escritos, en parte por el uso de apodos para no decir nombres y poder así expresarnos a gusto sin temor a juicios o represalias.

  2. Marcela, creo que yo también estoy en la misma fase que tú.
    Qué difícil se hace a veces desprenderse de ciertas pieles ¿verdad?
    Un saludo y ánimo

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