Un café en el Bettini

Dese hace algunos años, prácticamente desde que abrió, visito el Bettini.  Lo conocí una mañana cerca de las 10:00 a.m cuando decidí buscar un sitio para tomar café, y allí estaba, en una esquina con grandes ventanas de rejas blancas y para ser pequeño se veía acogedor, seguro y limpio. Me gustaron las máquinas que vi, esa que usa Beatriz, la dueña, para hacer todos los tipos de café y aquella que usan para el café granizado, me gustó la disposición de las sillas, la barra, los pocillos y sobre todo la atención.   

Desde entonces comencé a visitar el Bettini casi a diario al principio y aún recuerdo una a una a las personas con las que he visitado el lugar, en principio para que lo conocieran y luego para departir momentos, porque sentí que había encontrado un rincón donde podía sentarme a tomar café con una buena compañía, amenizado por una buena conversación y con la mejor atención. 

La primera persona con la que fui fue Lucas, fuimos a desayunar, pero ese día estaba haciendo tanto calor que terminé tomándome un granizado con chocolate.  Recuerdo a Mauricio contándome sus historias y yo desahogando en tasas de café mi soledad con él.  También recuerdo a mi ex, mi amigo de siempre, con quien fui una vez para tratar de limpiar mi organismo en vasos de café limón, que ya no venden, al mismo tiempo que trataba de despejar mi mente sobre cualquier duda cuando realmente salía de allí con una maraña de incógnitas sobre él.  Me gustan mucho las tardeadas con Margarita, tomando tinto o café con leche, comiéndonos una porción compartida de cheesecake y hablando de nuestras vidas tan distintas y tan parecidas al mismo tiempo. 

Pasan los años y continúo visitando aquel lugar para tomarme un tinto en las tardes para desacelerar las carreras del día.  Muchas veces me siento a esperar y otras cuantas voy con alguien para conversar.  Me gusta ver la gente pasar a través de la ventana, observar a quienes como yo, entran a disfrutar de un pedazo de muffin, tomar café y conversar con sus amigos y siento que allí soy libre del tiempo y del espacio para sentarme a pensar, leer o conversar. 

De allí, de ese espacio, de mis amigos, de mis tintos con torta fue de dónde surgió la idea de entre charlas y cafés.

Anuncios

2 Respuestas a “Un café en el Bettini

  1. No tomes mucho café, te dejará peor. Mucho peor.

  2. Hola M!~, si supieras cómo me hace de bien el café… sin leche. Anoche nada más, me tomé un tinto con amareto acompañado de una buena conversada con un amigo, super bueno para el alma!!!

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s