Entre Charlas y Cafés

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Los sueños, sueños son

Febrero 25, 2009 · 9 comentarios

En las noches justo antes de dormir, cuando ya deposito mi cabecita en la almohada blandita que me hizo mi madre, mi mente retorcida comienza a pensar en cualquier tema, pero a veces me enloquece cuando piensa en dos o tres a la vez. Los pensamientos no todas las veces son de situaciones que me hacen feliz, algunos me estresan cuando se trata de trabajo o estudio u otros me ponen un poco triste, aunque hasta el momento, ninguno me ha quitado el sueño.

Pero sueño, que muchas veces es lo mejor, pero no todas, sobre todo cuando sueño que soy la protagonista de una película de acción, que extrañamente no es mi género favorito, pero es un sueño tan largo y tan lleno de actividades que me siento al despertar como si hubiese ido a cine y me siento lista para escribir un guión, que se me olvida lastimosamente cuando abro el chorro del baño para ducharme y salir de casa en menos de una hora. O cuando me pasa siempre que quiero volver a nadar en piscinas olímpicas, como la que tengo en disposición ahora, cuando sueño que nado y nado sin agotarme en lugares tranquilos, limpios y transparentes.

Me he levantado asustada otras veces cuando tengo pesadillas cuando algo me atormenta, muchas veces a causa de alguna banalidad y otras con algo que quizá me ha marcado afortunadamente no por mucho tiempo. Como las semanas enteras en las que soñé en las que encontraba de mil formas el libro que perdí un día en la Universidad siendo yo muy primípara o cuando he soñado que veo a uno de mis ex vestido con un ridículo pantalón naranja y una camisa a cuadros que no combina, con 10 kilos de sobre peso y lo he lanzado, después de darle una patada en el estómago, colina abajo dando vueltas sin parar y obviamente la gordura le ayudaba a rodar. O como aquella vez en la que desperté a medio vecindario cuando me puse a gritar a todo pulmón cuando soñé de forma muy real, mientras dormía en casa de una tía, que me encontraba sola durmiendo en mi casa de dos pisos y que los ladrones saquearon todo hasta llegar a mi habitación y forcejeaban mi cerradura para entrar y robarme, aquella noche me volví a dormir con un tremendo dolor de garganta.

Y qué hay de las veces en las que me permito soñar despierta, como aquellas tardes de descanso un domingo en los que después de hacer deporte y limpiar un poco mi aposento, me permito acostarme en el piso de mi terraza a mirar el cielo mientras sueño con mi futuro o con aquel que me da unos besos muy ricos y unos abrazos confortantes y, si acaso está lloviendo, me tiendo en mi cama a contemplar la lluvia que golpea las ventanas sumergida en un mar de elucubraciones revoltosas de color azul con tonos morados y a veces rojos de pasión.

Cinco minutos de no hacer nada en la oficina dan para mucho, sobre todo, para soñar!!!

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Bus Stop

Febrero 19, 2009 · 8 comentarios

bus_stop_by_brips

Bus Stop by ~Brips on deviantART

Afuera llueve, no quisiera que escampara.  Me quiero acurrucar en mi cobija, no importa si estoy sola, me abrazaré a ella mientras calienta mi cuerpo.  La parada de bus en la tarde me inundó de pensamientos. Éramos muchos bajo el techo huyendo de la tempestad, los que estábamos en la periferia aguantábamos un poco más de un viento muy frío y padecimos de algunas gotas de lluvia. Los de más al centro, quizá estaban más tibios al calor de los cuerpos más cercanos, resguardados por un muro de personas protegiéndolos del invierno.   

Las gotas de lluvia golpean mis ventanas y recuerdo la parada de bus en la tarde, no porque me haya molestado el tiempo climático inclemente arreciando contra nosotros, sino porque por esta vez todos de pie, todos juntos, éramos tantos, unos cuantos tantos ¡esperando lo mismo!.

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Menos mal…

Diciembre 10, 2008 · 5 comentarios

    Se acerca la navidad y el año está que termina.  Mi casa parece un almacén navideño lleno de hermosos adornos y luces, incluso tengo adornitos en mi habitación y aunque no me gusta mucho la bulla que se hace por estas fiestas, la navidad que siempre me recordará a mi abuela con su alegría y parranda, de algún modo la disfruto y la celebro.

     

    Lo que más me gusta es la bienvenida que se le da al año que sigue.  Cada quién tendrá sus cábalas para fin de año, cada quien seguirá sus agüeros, se llenarán los bolsillos de dinero, se pondrán la ropa interior amarilla, nueva y al revés, saldrán corriendo con el maletín para darle la vuelta a la manzana, se atragantarán con doce uvas al son de las doce campanadas, le darán su primer abrazo y beso a una persona del sexo opuesto, escribirán sus pesadillas en un papel y las quemarán o escribirán sus anhelos y los conservarán.

     

    Tengo mis propios agüeros, hacer todo lo posible por sentirme feliz los últimos días del año viejo es el que más práctico y el 31 de diciembre a las 12:00 a.m. ni se diga.  Por eso es que año tras año trato de dejar lo que menos me gustó enterrado en el pasado. Si hay alguna forma de subsanar heridas lo hago, si puedo pedirle perdón a alguien a quien le he hecho daño, lo hago, si quiero salir a comerme un helado con todos los amigos que no he visto y que deseo que permanezcan a mi lado, con lo malo que son para mi los helados, haría el esfuerzo y me comería todos aquellos helados que fuesen necesarios.

     

    Y aquí voy, llevando mis buenas energías a todas partes, porque si alguien dijo por ahí que uno es únicamente bueno por estas fechas, no faltará quien sea bueno todo el año pero que en vacaciones lo intensifique o quizá tengo ganas de ser todavía más buena porque estoy abiertamente agradecida con la vida, con la que se me ha ofrecido en bandeja de madera y de plata. Porque no podría estar feliz sino estaría dichosa con lo que tengo y porque se muy bien qué es lo que hay por mejorar.

     

    Menos mal no soy conforme, menos mal no guardo rencores, menos mal tengo mala memoria para algunas cosas y el olvido se lleva también los peores recuerdos.  Menos mal después de fuertes aguaceros siempre habrá días soleados como los de hoy, menos mal, no falta quién nos recuerde que lo mejor que hacemos es vivir nuestra propia vida mientras otros se muerdan el codo por nosotros.

     

    Menos mal… al terminar un año que no estuvo para nada malo, viene después uno mejor.

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Después de todo…

Septiembre 28, 2008 · 10 comentarios

Noche de tormentas, de rayos y centellas.  Desde el medio día, en  el piso 14 de uno de los edificios situado en una de las lomas de mi ciudad he visto como las nubes pesadas, volumétricas y obscuras amenazan con descargarse con violencia en dirección de sur a  norte y sólo en el costado occidental.  Me he sentado en una silla en el balcón para esperarla con tan mala suerte que tan sólo pude vislumbrar el primer rayo fantástico a las seis de la tarde desde el piso 15 de otro apartamento en el centro un poco más al norte de la tormenta.  Mientras que unos desean que no llueva, yo he deseado deleitarme con el baile de las gotas sobre mi tejado y su saludo en mis ventanas.

 

Vuelvo a la tranquilidad de siempre, a los pensamientos profundos, a la conciencia de la existencia, la de mi esencia, a la vida.  Me he recreado con cine, con libros, con cafés, con charlas y con amigos.  

 

Vuelvo al pasado sólo a lo productivo: a recordar a Jaime Sabines y su libro de poemas selectos que guardo con tanto recelo y que tenía un poco olvidado en mi vieja biblioteca.  “El Principito” tiene la culpa de que lo haya encontrado.

DESPUÉS DE TODO

Después de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarse juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.

Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo,
mezquina paga de los que mueren juntos.

A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.

Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.

Soledad, márcame con tu pie desnudo,
aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.

Jaime Sabines

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Abrazado a la tristeza

Septiembre 25, 2008 · 5 comentarios

 

Dando vueltas por la Internet buscando notas de mi interés, me topé con una canción que no había escuchado jamás y cuyo artista también es desconocido para mí.  Me llamó la atención el título, luego leí la letra de la canción y por último la escuché.  Me gustaron sus tonos rockeros y la letra me trajo consigo, recuerdos muy viejos y también un poco nuevos.

 No me da temor decir que en ocasiones he sentido mucha tristeza y que en el trayecto a la Universidad o al trabajo, en el bus o caminando, se me han aguado los ojos cuando pienso distraída, mirando el paisaje, en el motivo de mi desolación y amargura. (más…)

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Si yo pudiera morder la Tierra toda

Agosto 15, 2008 · 15 comentarios

A veces me levanto despacio de la cama, me desperezo, estiro mis piernas hacia el techo, mis brazos a los lados y bostezo.  Me retuerzo como una gata sobre la calma, doy un suspiro, me siento y pongo mis pies en tierra.  No me paro de inmediato, relajo mis hombros, muevo mi cabeza de un lado a otro y me pongo a pensar en nada en especial.  Miro la hora, me pongo de pie ahora si y acto seguido me miro al espejo. A partir de ese instante al momento en el que salgo de casa todo pasa tan relativamente rápido pero transcurre tanto tiempo, que la inverosímil relación directamente proporcional entre lo que hago y el tiempo que empleo en hacerlo me confunde, pues para mí, el tiempo no tiene medida en la mañana.

 

Entonces llega un día como el de hoy en el que deliberadamente decido no madrugar, después de haber pasado una noche lluviosa con tormentas en la que me metí bajo las cobijas más temprano de lo que para mí es normal, y ver en esta mañana el sol brillando como si fuese verano, con el único ruido que el canto de los pajaritos que se posan en los árboles junto a mi ventana y me pregunto: qué tal feliz puedo ser?

 

Y me doy cuenta de que no hay felicidad eterna, que no estoy triste tampoco, que nada aparentemente me falta y que al parecer estoy satisfecha, pero llego al punto en el que recuerdo a Pessoa y por fin me digo que de manera natural: No hay felicidad completa.

 

 SI YO PUDIERA MORDER LA TIERRA TODA

Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento…
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural…
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas…
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la
infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda,
y cuando se ha de morir,
Recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

 

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Parecemos nubes…

Mayo 12, 2008 · 6 comentarios

Cuando era pequeña me gustaba tirarme al suelo en las tardes azules de mi planeta Tierra para ver las nubes.  Muchas veces, nos tirábamos varios niños juntos para adivinarles formas y algunas veces pude visualizar la trompa de un elefante, una boca sacando la lengua, un oso, un cerdo, un gato, la cola de un perro.

Las nubes me parecían, y aún me parecen, objetos libres en el firmamento siempre en diferentes tonos de azul, algunos mas profundos que otros y siempre me gustó el azul mas profundo que me daba la sensación de inmensidad del espacio infinito que hay mas allá.  Adoraba esas tardes de vacaciones de junio, acostada boca abajo en la terraza de mi casa observando en detalle el contraste del blanco de las nubes con el azul del cielo.

Ahora observo en más detalle el cielo, puesto que presenta una gran abundancia en información, sobre el tiempo climático presente y venidero, pero se debe aprender del lenguaje de las nubes para que se convierta en significativo y útil.  Lastimosamente cuando lo observo no pienso en ovejas, en aviones, en copas de árboles, sino en si son cirros, cúmulos, estratos, cirroestratos,  cirrocúmulos, estratocúmulos, nimboestratos, cumulonimbos, alto estratatos y altocúmulos, pues éstas me indican el tiempo climático de este día y de los venideros.

Y mientras realizo el conteo de nubes en las tardes, sobre las montañas de mi tierra y un viento medio golpea mi rostro, comienzo a pensar que nosotros somos como nubes o al menos queremos serlo: Libres.  Me enseñaron desde pequeña que cada quién disfrutaba del beneficio del libre albedrío, lastimosamente las nubes aunque lo quisieran, no pueden escoger a dónde van pues se las lleva el viento en direcciones adversas al camino deseado quizá.

Si nosotros fuéramos como las nubes, libres y tuviéramos la posibilidad de escoger, ¿dónde estaríamos? ¿estaríamos en el mismo lugar que nos encontramos, haciendo lo que estamos haciendo, al lado de esa persona que creemos amar?.  Muchos de nosotros nos sentirámos como cúmulos nimbos a punto de precipitarnos a la faz de la Tierra, mientras que otros, serían cirros que permanecen en lo alto, se mueven rápido aunque no lo parezcan pero que su consistencia es sólo de hielo. ¿Tú qué prefieres ser, una nube que se precipita cuando ya está cargada y no puede mas con su propio peso o una nube rápida y helada?.  Yo no quiero meditar tanto en la clase de nube que soy, pues yo sólo soy una nube, a veces blanca, a veces gris, a veces pesada, otras mas liviana, pero quiero ser una nube en forma de algodón en el cielo de quien amo sin lazos en el cuello que aprietan hasta asfixiar.

 Tute, demuestra claramente la paradoja de la libertad en esta caricatura.  Regalamos una nube para ser libres, pero sin saber, estamos bajo el yugo de otro. Dale un click para ver la imagen mejor.

 Como dice Caifanes:

Parecemos nubes

Que se las lleva el viento

Cuando hay huracanes

Cuando hay mal de amores

Parecemos presos

Y como presos pensamos

Escapar uno del otro

Y Cometer la fuga.

Vamos a dar una vuelta al cielo….

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Alicia en el país de las maravillas

Febrero 18, 2008 · Dejar un comentario

alicia.jpgMe recuerdo en la infancia, sentada en una silla de la mesa del comedor contemplado a la distancia la imagen de mi casa formada en el espejo.  Unos minutos después, llevada por la curiosidad, tengo mis narices pegadas al espejo escudriñando los rincones virtuales que no se dejan ver en el mundo real.

Miro y miro con los ojos bien abiertos esperando ver que salte a través del espejo algún objeto animado que me transporte a un mundo de fantasía como pasa con Alicia en el libro de Luis Carrol. 

He crecido y no puedo evitar mirar a través del espejo.  Ya no sueño con las imágenes virtuales, pequeñas o más grandes, derechas o invertidas que se puedan forman en él.  Me miro el rostro y observo en detalle a esa otra yo que se refleja en el espejo.  El vicio, producto de la vanidad quizá, es consecuencia de la manía de que querer saber que hay mas allá de la mirada de mis ojos, de la expresión de mi rostro y de la comisura de mis labios. 

Siempre me inquieta lo que veo en este mundo y me sorprende que muchas acciones son producto de otra que son el reflejo.  Algo parecido a la ley de acción y reacción de Newton movidos quizá por una inercia infinita en la que muchos nos dejamos sumergir. 

No tengo el carácter ensimismado de muchos, pero si la mala costumbre de querer saber los porqués que a muy pocos interesan.  Qué habrá sido de Alicia cuando hubo crecido? Habrá olvidado soñar y volver al país de las Maravillas? 

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