Entre Charlas y Cafés

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RECORRIÉNDOTE

Julio 14, 2008 · 8 comentarios

Gioconda Belli es quizá una de mis poetizas favoritas, sus palabras evocan feminidad, erotismo y sensualidad.  También he leído sus novelas, pero me quedo con sus poemas.

RECORRIÉNDOTE

Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.

Gioconda Belli

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Poema dedicado a una niña

Abril 6, 2008 · 11 comentarios

Escucha niña, cuando te alaben llamándote bella, o te humillen llamándote fea, no escuches a nadie. Sólo quieren encerrarte en el espejo de una soledad diferente. Tú debes vivir, no debes agradar, la belleza está en la vida. Cuando te leen Caperucita Roja, te quieren mostrar el miedo de escoger por tí misma el camino. Estate atenta, niña, los verdaderos lobos son todos aquellos que matarán tu libertad. (más…)

Categorías: Pensamientos
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Una tendencia…

Marzo 30, 2008 · 3 comentarios

“Esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. A esconderte o a mostrarte mucho.  Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarte. Esa indomable sed de alguien y de no estar con nadie.  De envolver las caricias en palabras.  Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada.  Esa hambre de imposibles.  ¿Cómo pensar en esta confusión contradictoria?  Es verdad y mentira, está bien y está mal y no hay salida.

           Nada que hacer.  Tómate un vaso de agua”

Tomado de: Tratado de Culinaria para Mujeres Tristes.

Autor: Héctor Abad Faciolince 

 

Categorías: Libros
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Tratado de culinaria para mujeres tristes

Marzo 30, 2008 · Dejar un comentario

Las cosas llegan cuando tienen que llegar, dicen por ahí, a mi me gusta que los libros que leo lleguen de esa forma, cuando alguien llega en un momento inesperado y me entrega un libro diciéndome: “Quiero que lo leas” unas veces regalado, otras veces prestado, pero me gustaba darme cuenta que esa es otra forma como otros piensan en mi.  Así hacía Giovanny, un chico que vivía en el piso de arriba, que estudiaba ingeniería mientras yo aún cursaba secundaria y cada ocho o quince días tocaba mi timbre para traerme algo nuevo; era algo así como una iniciación a la buena lectura y eso se lo agradezco.

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Categorías: Anecdota · Libros
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No me arrepiento de nada

Enero 5, 2008 · 2 comentarios

Desde la mujer que soy,

a veces me da por contemplar

aquellas que pude haber sido;

las mujeres primorosas,

hacendosas, buenas esposas,

dechado de virtudes,

que desearía mi madre.

No se por qué

la vida entera ha pasado

rebelándome contra ellas.

Odio sus amenazas en mi cuerpo.

La culpa  que sus vidas impecables,

por extraño maleficio,

me inspiran.

Reniego de sus buenos oficios;

de los llantos a escondidas del esposo,

De pudor de la desnudez

bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo,

me miran desde el interior de los espejos,

levantan su dedo acusador

y, a veces, cedo a sus miradas de reproche

y quiero ganarme la aceptación universal,

ser la “niña buena”, la “mujer decente”

la Gioconda irreprochable.

Sacarme diez en conducta

con el partido, el estado, las amistades,

mi familia, mis hijos y todos los demás seres

que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable

entre lo que debió haber sido y lo que es,

he librado numerosas batallas mortales,

batallas a mordiscos de ellas contra mi

-ellas habitando en mi queriendo ser yo misma-

transgrediendo maternos mandamientos,

desgarro adolorida y a trompicones

a las mujeres internas

que, desde la infancia, me retuercen los ojos

porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,

porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,

que se enamora como alma en pena

de causas justas, hombres hermosos,

y palabras juguetonas.

Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez velada,

e hice el amor sobre escritorios

-en horas de oficina-

y rompí lazos inviolables

y me atreví a gozar

el cuerpo sano y sinuoso

con que los genes de todos mis ancestros

me dotaron.

No culpo a nadie.  Más bien les agradezco los dones.

No me arrepiento de nada, como dijo Edith Piaf.

Pero en los pozos oscuros en que me hundo,

cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,

siento las lágrimas pujando;

veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,

blandiendo condenas contra mi felicidad.

Impertérritas niñas buenas me circundan

y danzan sus canciones infantiles contra mi

contra esta mujer

hecha y derecha,

plena.

Esta mujer de pechos en pecho

y caderas anchas

que, por mi madre y contra ella,

me gusta ser.

Gioconda Belli

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