Entre Charlas y Cafés

Entradas etiquetadas como as ‘café’

Un nuevo rumbo

Marzo 24, 2009 · 8 comentarios

Es curioso que después de escribir el post anterior, mi vida allá dado nuevamente un giro que cambió mi rumbo pero no mi norte.  Estas dos últimas semanas han sido de locura, el cambio trajo consigo una gripa llorona que sólo duró tres días producto de la sintomatización que realizo cuando algo me saca de equilibrio pero apenas logré estabilizarme un poco y con ayuda de un Distrán, desapareció.  Dicen por ahí, los bien hablados, que mi semblante es otro y no es para más, cada cambio significan nuevas oportunidades, una ocasión perfecta para redimirnos de algún suceso del pasado o un una muy buena esperanza.  Con tanto que tengo por hacer últimamente no he tenido mucho tiempo para pasarme por los blogs y mucho menos, por el mío.  No me he ido, no he dejado abandonado mi café ni tampoco no he vuelto porque estoy triste, todo lo contrario, aún no tengo los pies en la Tierra.  Apenas aterrice de nuevo y mi cabeza deje de orbitar en Júpiter, mi planeta favorito, volveré porque extraño las charlas y los cafés que siempre me tomo por acá.

Categorías: Labios rojos
Etiquetado: , , , ,

CUENTAS PERDIDAS

Marzo 12, 2008 · 1 comentario

Juliana me mira y me pregunta: “ y vos, ¿cuánto tenés?.  Toco superficialmente los bolsillos de mi jean tratando de palmar algunas monedas, meto la mano y saco algunos billetes arrugados, unas cuantas monedas y le contesto: “hoy valgo tres mil pesos, no nos alcanza para el ron”. 

Salimos a caminar rumbo a La Buerta, bautizado así con la excusa imperfecta de querer diferenciarse de La Huerta.  Buscamos a Armando Tortas para abrir una cuenta de fiado y estamos al borde de la perdición tratando de beber algo para pagar después.  Necesitamos el ron, me duele la garganta y Juliana está a punto de llorar pero Armando Tortas no se encuentra. Somos dos mujeres al borde de un ataque de nervios.

Seguimos caminando, Juliana se fuma otro cigarrillo mientras yo toso compulsivamente por culpa de la rasquiña en mi garganta.  Se me olvida el ron, parece que a Juliana también y pasamos sin rumbo fijo por los lugares recorridos una y otra vez.  Jugamos nuevamente a contar cuántas personas conocidas nos encontramos en el camino y debe ser que la noche está tan fría que esta vez el saldo es cero.

El camino sin rumbo definido nos lleva hasta un pequeño café, mis monedas y las de ella no dan mas que para dos tintos y el pasaje.  Nos tomamos el café despacio, conversadito y sin afán.  Alguien desconocido nos observa y a mi me da risa.  Pasan lo minutos y aún siento esa mirada sobre nosotras; me perturba. Cerca, unos muchachos hacen cuentas de yo no se qué pero se equivocan en sus sumas y restas.

Terminamos el tinto, nos despedimos de don Rogelio, pagamos la cuenta, echo una mirada a ese que tanto nos mira y le sonrío como si me despidiera, allí en una pequeña mesa quedan los dos muchachos haciendo cuentas perdidas.

Y después de todo, nos vamos para nuestras casas, pensativas, nostálgicas, felices, inconformes, libres y sin un peso en el bolsillo.

Categorías: Pensamientos
Etiquetado: ,

Un café en el Bettini

Febrero 24, 2008 · 2 comentarios

Dese hace algunos años, prácticamente desde que abrió, visito el Bettini.  Lo conocí una mañana cerca de las 10:00 a.m cuando decidí buscar un sitio para tomar café, y allí estaba, en una esquina con grandes ventanas de rejas blancas y para ser pequeño se veía acogedor, seguro y limpio. Me gustaron las máquinas que vi, esa que usa Beatriz, la dueña, para hacer todos los tipos de café y aquella que usan para el café granizado, me gustó la disposición de las sillas, la barra, los pocillos y sobre todo la atención.   

Desde entonces comencé a visitar el Bettini casi a diario al principio y aún recuerdo una a una a las personas con las que he visitado el lugar, en principio para que lo conocieran y luego para departir momentos, porque sentí que había encontrado un rincón donde podía sentarme a tomar café con una buena compañía, amenizado por una buena conversación y con la mejor atención. 

La primera persona con la que fui fue Lucas, fuimos a desayunar, pero ese día estaba haciendo tanto calor que terminé tomándome un granizado con chocolate.  Recuerdo a Mauricio contándome sus historias y yo desahogando en tasas de café mi soledad con él.  También recuerdo a mi ex, mi amigo de siempre, con quien fui una vez para tratar de limpiar mi organismo en vasos de café limón, que ya no venden, al mismo tiempo que trataba de despejar mi mente sobre cualquier duda cuando realmente salía de allí con una maraña de incógnitas sobre él.  Me gustan mucho las tardeadas con Margarita, tomando tinto o café con leche, comiéndonos una porción compartida de cheesecake y hablando de nuestras vidas tan distintas y tan parecidas al mismo tiempo. 

Pasan los años y continúo visitando aquel lugar para tomarme un tinto en las tardes para desacelerar las carreras del día.  Muchas veces me siento a esperar y otras cuantas voy con alguien para conversar.  Me gusta ver la gente pasar a través de la ventana, observar a quienes como yo, entran a disfrutar de un pedazo de muffin, tomar café y conversar con sus amigos y siento que allí soy libre del tiempo y del espacio para sentarme a pensar, leer o conversar. 

De allí, de ese espacio, de mis amigos, de mis tintos con torta fue de dónde surgió la idea de entre charlas y cafés.

Categorías: Pensamientos
Etiquetado: ,