En el momento que escribo, estoy en La Ceja, en pijama todavía, de buso, divisando por la ventana un potrero lleno de vacas con un cielo medio despejado y una briznita que me indica que voy a permanecer en pijama un rato más.
Me he pasado los últimos cinco días en compañía de una de mis mejores amigas y con un amigo, que yo considero entre el mejor. Al pobre amigo mio le va dar Marcelitis Crónica si pasa un días más conmigo.
La Marcelitis le empezó el día cuando le timbre al teléfono para invitarlo a pasar unos días a la casa de una amiga, no más de unos tres días, pero ya van cinco, de santo recogimiento donde íbamos a caminar, tomar mucho café para escapar del frio, salir a beber ron o cerveza hasta terminar confesando nuestras nimiedades, comer hasta quedar más que saciados y finalmente dormir hasta tarde.
Salimos todos juntos a caminar por el campo, respiramos profundamente aire puro y en los momentos de caminata silenciosa nos sentimos más unidos. Me gusta sentir que tan cerca estamos los amigos cuanto más silencio hay entre nosotros.
A mi amigo, quien me tomó tantas fotos hasta quedar aburrido por que le dio Marcelitis Crónica, le doy las gracias por estar aquí, en los momentos y en los días que más lo necesito.
A mi amiga, le doy las gracias por sus invitaciones intensas a relajarme en su casa hermosa, disfrutando de este tiempo y este lugar que me envían renovada de regreso a mi ciudad.
Y para la muestra, de mi tranquilidad y felicidad, dejo un botón:














1 respuesta hasta el momento ↓
ELKIN RODRÍGUEZ // Marzo 24, 2008 a 8:31 pm
MUY LINDO PAISAJE, MUY BONITA ESA ALEGRÍA, OJALÁ NUNCA LA PIERDAS. QUE VIVA LA “MARCELITIS” Y OJALÁ SEA CONTAGIOSA.